Estudiantes y docentes del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades en los jardines de la UAA, 2005

Presentamos una fotografía de FOTOTECA UAA en la que vemos a estudiantes y docentes del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma de Aguascalientes en un evento que tuvo lugar en el Jardín de las Generaciones del Campus Central de la institución, en el periodo del rector, M. en C. Rafael Urzúa Macías (2005-2010).
Le pedimos al Licenciado en Letras Hispánicas Rubén Gerardo Hernández Arellano, quien se desempeña como Encargado de Biblioteca en la Sección de Servicios al Público del Departamento de Información Bibliográfica, que nos contara su experiencia en la universidad y nos compartió lo siguiente:
“Hace treinta años, minutos antes de las seis de la mañana, crucé por primera vez las puertas de la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes, sin imaginar que ese instante marcaría el rumbo de gran parte de mi vida.
Contratado como conserje, llegué con el deseo de trabajar y aprender y, con el paso del tiempo, descubrí que esta institución sería mucho más que un espacio para cumplir un horario: se convertiría en mi segundo hogar.
Mi relación con la UAA comenzó incluso antes. Soy trabajador de segunda generación: mi madre formó parte de esta comunidad y se jubiló aquí, dejando una huella de compromiso y entrega que siempre me inspiró. Entre los archivos familiares existen fotografías mías en los pasillos del Edificio Central, —las primeras instalaciones de la universidad—, cuando tenía apenas tres años. Esas imágenes confirman que, de alguna forma, mi historia con la institución inició mucho antes de que pudiera siquiera imaginarlo.
En sus instalaciones no solo he desempeñado mi labor profesional con entrega y orgullo; también he crecido como persona. Durante este tiempo concluí mi bachillerato y con la misma tenacidad, cursé la Licenciatura en Letras Hispánicas, cumpliendo un sueño que siempre había llevado conmigo. Cada día en la UAA ha sido una lección de aprendizaje: de trabajo en equipo, de constancia, de respeto por el conocimiento y por quienes lo transmiten o lo reciben.
Treinta años parecen muchos, pero cuando se disfruta lo que se hace, el tiempo transcurre como el agua de un río que fluye sin notarse. He visto pasar generaciones de estudiantes, colegas y autoridades, pero algo permanece inalterable: el espíritu de servicio y el compromiso con la institución. Ese mismo espíritu me ha acompañado en cada tarea, recordándome que mi esfuerzo también forma parte de algo más grande.
Hoy, al mirar atrás, me siento profundamente agradecido. La UAA me dio la oportunidad de trabajar, de estudiar, de crecer y de forjar amistades sinceras. Aquí he dejado empeño, dedicación y entusiasmo y, a cambio, he recibido vivencias y aprendizajes que me han marcado para siempre. No todos tienen la fortuna de decir que su lugar de trabajo ha sido también su escuela y su hogar; yo sí, y lo expreso con satisfacción y orgullo.”

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